Luis Chenche representa una trayectoria artística marcada por la búsqueda constante en las calles de París. Originario de los suburbios de Guayaquil, el creador ecuatoriano ha encontrado en la capital francesa un espacio para procesar su distancia con los orígenes a través del arte contemporáneo. Desde hace ocho años, su práctica se desarrolla en torno a la recolección de objetos abandonados y la transformación de lo descartado en propuestas visuales significativas.
La obra de Chenche se construye sobre dos obsesiones fundamentales: el trazo como lenguaje visual y el hallazgo callejero como materia prima. Sus instalaciones no son simples acumulaciones de escombros, sino reflexiones profundas sobre cómo la memoria urbana de su infancia dialoga con el territorio europeo que habita actualmente. Cada mueble roto, cada material encontrado en las aceras parisinas, se convierte en un eslabón entre dos geografías que conforman su identidad.
La práctica de rescate que desarrolla Chenche en París responde a una metodología consciente. Recorre sistemáticamente las calles de la capital francesa buscando materiales que otros han desechado, analizando en ellos las capas de historia que contienen. Este gesto de recuperación no es nostálgico, sino una forma de establecer conexiones significativas entre espacios urbanos aparentemente distantes pero unidos por dinámicas similares de exclusión y transformación.
La formación de Chenche en los suburbios guayaquileños dejó marcas profundas en su sensibilidad artística. Esa experiencia de crecimiento en márgenes urbanos lo predispuso a reconocer la dignidad estética en lo descartado, en los objetos que la sociedad de consumo relega al olvido. Su migración a París no significó un abandono de esa perspectiva, sino su ampliación y complejización en un nuevo contexto.
Las instalaciones que resultan de este proceso de búsqueda y transformación funcionan como puentes conceptuales. Permiten que la memoria colectiva de Guayaquil dialogue con la de París, dos ciudades con historias urbanas distintas pero atravesadas por procesos similares de segregación, crecimiento desigual y resistencia cultural. Chenche se posiciona como mediador entre estas realidades, usando el arte como herramienta de comunicación.
Su trabajo ha ganado visibilidad en los circuitos artísticos parisinos, demostrando que las narrativas latinoamericanas encuentran resonancia en Europa cuando se presentan desde perspectivas originales y enraizadas en experiencias auténticas. La obsesión de Chenche por el detalle y la materialidad lo distingue de otras prácticas basadas en el reciclaje o el upcycling, acercándose más a una arqueología urbana consciente de su propia posición política.
El trayecto de Luis Chenche ilustra cómo los artistas migrantes pueden transformar la distancia geográfica y emocional en una fortaleza creativa. Su compromiso con los materiales encontrados y la memoria urbana refleja una ética artística que rechaza tanto la gentrificación estética como la nostalgia paralizante, buscando en cambio un diálogo productivo entre territorios que lo han formado.
