La provincia de Manabí registró una ola de violencia que dejó un saldo de ocho personas fallecidas y tres heridas en dos ataques separados ocurridos entre el sábado 5 y domingo 6 de septiembre. Los incidentes se concentraron en las localidades de Montecristi y Pedernales, zonas que continúan enfrentando altos índices de criminalidad asociados al narcotráfico y conflictos entre organizaciones delictivas.
El primer ataque ocurrió el sábado por la noche en la parroquia rural de Cojimíes, perteneciente a Pedernales, alrededor de las 23:30 en la calle Colón. Individuos que viajaban en un vehículo abrieron fuego contra un grupo de personas que se encontraba en la vía pública, causando cuatro fallecidos y dos heridos. Las autoridades posteriormente localizaron el vehículo presuntamente utilizado en la masacre durante un operativo en el sector Churo, junto con municiones de diferentes calibres.
La segunda masacre se registró menos de 18 horas después, el domingo 6 de septiembre después de las 18:00, en el centro recreacional La Ponderosa de Montecristi. Hombres armados irrumpieron en el establecimiento y abrieron fuego contra los visitantes que se encontraban en el lugar. El ataque resultó en cuatro fallecidos y una mujer herida, dejando nuevamente un escenario de pánico entre los presentes.
Entre las víctimas del ataque en Montecristi se encuentra una adolescente de 13 años que estaba disfrutando del espacio recreacional acompañada por familiares y amigos. Según reportes, la menor intentó buscar refugio durante los disparos y fue encontrada muerta debajo de un horno de leña con un impacto de bala. Su madre, desesperada, solicitó ayuda de equipos de emergencia, pero la adolescente ya no presentaba signos vitales al ser localizada.
Los reportes policiales indican que en ambos ataques los agresores utilizaban motocicletas y vehículos para movilizarse, lo que sugiere una coordinación previa. Las Fuerzas Armadas hallaron evidencia física en la zona de Pedernales, incluyendo cuatro municiones calibre 5,56 milímetros y siete cartuchos calibre 9 milímetros, los cuales fueron entregados a las autoridades competentes para las investigaciones correspondientes.
Hasta el momento no se han reportado detenciones relacionadas con ninguno de los dos ataques. La falta de aprehensiones genera interrogantes sobre la capacidad investigativa y la respuesta institucional ante estos crímenes. Las autoridades continúan con los trabajos de investigación para identificar a los responsables y establecer posibles conexiones entre ambos incidentes.
Estos eventos reflejan la persistencia de la violencia en Manabí, una provincia que ha enfrentado recurrentes masacres en los últimos años. La violencia letal continúa afectando a civiles desarmados, incluyendo menores de edad, mientras que las organizaciones criminales mantienen operaciones activas en varias localidades de la zona.

