Luego de dejar su cargo al frente de la Fiscalía General en mayo de 2025 y trasladarse a Buenos Aires para dirigir la embajada ecuatoriana, Diana Salazar presentó un libro de 239 páginas titulado "Diana Salazar, Más allá de la Fiscal". La obra, lanzada en octubre, funciona como su alegato personal y testimonio sobre los seis años que dirigió la institución acusadora.
El libro utiliza la teoría del efecto mariposa como hilo conductor de su narrativa. Salazar traza su genealogía desde sus ancestros en el valle del Chota, pasando por la decisión de su abuela de mudarse a Ibarra en 1947 para dar educación a sus hijos, hasta el momento crucial en que su madre la trasladó a Quito a los 13 años. Este cambio, según relata, marcó un punto de inflexión que la obligó a valerse por sí misma y la enfrentó con sus primeras experiencias de discriminación.
Durante su carrera como funcionaria judicial y posteriormente como fiscal, Salazar experimentó episodios de discriminación que se repetirían a lo largo de los años. Relativamente temprano en su trayectoria fue confundida con una sospechosa de robo de esmeraldas. Años después, mientras investigaba casos de lavado de dinero en el ámbito futbolístico, recibió comentarios intimidantes antes de audiencias públicas. Estas vivencias, sostiene, la prepararon para investigar crímenes y delitos de cuello blanco.
El libro dedica espacio considerable a sus investigaciones más relevantes durante su gestión. Salazar aborda el caso Odebrecht, mencionando que le ofrecieron un alto cargo en Washington D.C. si cambiaba el rumbo de la investigación. También documenta cómo sus hallazgos permitieron vincular al entonces vicepresidente de la República con indicios de corrupción. El expediente sobre sobornos que habría recibido la revolución ciudadana entre 2012 y 2016 para financiar campañas electorales es otro de los casos que recuerda con detalle.
Más allá de los casos judiciales, Salazar revela el costo personal que implicó su desempeño como fiscal. Su vida de pareja se desmoronó durante estos años, enfrentando lo que describe como una relación de violencia psicológica que derivó en depresión y cambios en su salud física. Hoy reconoce con la perspectiva del tiempo los sacrificios emocionales que realizó durante su mandato.
Las amenazas contra su vida fueron reales y extremas. Grupos de la criminalidad organizada, a quienes investigó, le enviaron videos amenazantes. Llegó a contar con cuatro decenas de vigilantes alrededor suyo y debió separarse temporalmente de su hija, quien tenía apenas cinco años en ese momento. Estos eventos motivaron su decisión de radicar su nueva familia fuera del país después de dejar el cargo.
Salazar también narra su resiliencia y renacer personal. Formó un nuevo hogar, integrado por su nueva pareja Martín y una segunda hija. En la conclusión de su libro, expresa sus deseos de que el próximo fiscal general pueda ejercer su función sin los riesgos de seguridad que ella enfrentó, reconociendo que la protección de su familia fue determinante para su decisión de abandonar Ecuador.

