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Politica6 de septiembre de 2026 a las 4:30 p. m.

La persistencia del mercado ilegal de tabaco

Prohibir los estancos no elimina el consumo, sino que lo traslada a circuitos criminales.

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Las políticas restrictivas sobre la venta de tabaco enfrentan un dilema histórico: eliminar legalmente un producto no equivale a suprimir la demanda que existe en la población. Cuando los gobiernos cierran canales formales de comercialización, como los estancos, el mercado no desaparece sino que migra hacia estructuras informales y criminales.
La lección que proporciona la historia económica es clara: desde la prohibición del alcohol en Estados Unidos hasta las restricciones actuales sobre diversos productos, los intentos de erradicación mediante regulación pura generalmente fracasan. Los consumidores buscan alternativas, y los criminales se ocupan de satisfacerlas, asumiendo el control de redes de distribución que operan fuera del marco legal.
Este desplazamiento del mercado trae consigo consecuencias graves. La comercialización ilegal de tabaco financia redes delictivas, genera violencia territorial entre bandas competidoras y socava la capacidad estatal de recaudación tributaria. Además, los productos distribuidos clandestinamente carecen de controles de calidad y pueden resultar más peligrosos para los consumidores.
El cierre de estancos, aunque representa una intención pública legítima de reducir el acceso al tabaco, particularmente entre menores, requiere ser acompañado de estrategias complementarias. Sin estas medidas paralelas, simplemente se transfieren las ganancias y el control del mercado a actores ilegales, perpetuando un círculo de violencia e informalidad.
La evidencia internacional sugiere que las prohibiciones más efectivas combinan restricciones comerciales con campañas educativas, tratamientos de deshabituación y programas sociales. Sin estos componentes, cualquier prohibición parcial corre el riesgo de fortalecer exactamente aquello que pretende combatir: el crimen organizado.
En el contexto local, antes de implementar medidas drásticas que cierren completamente canales de venta, es necesario evaluar qué ocurrirá con la demanda existente. ¿Se trasladará a mercados clandestinos? ¿Quién se beneficiará de esa transición? Las respuestas a estas preguntas determinan si la política es efectiva o contraproducente.
Este análisis no niega los beneficios sanitarios potenciales de reducir el consumo de tabaco. Simplemente sostiene que la prohibición aislada es insuficiente y puede generar externalidades negativas peores que el problema original. Una política integral requiere combinar regulación, educación y alternativas económicas legales.

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